jueves, 30 de mayo de 2013

Mientras las Guerras Civiles desangran Roma, las Águilas buscan honores en Hispania

 

Con la llegada del s. I a.C. Hispania se vio inmersa en otro tipo de conflicto que no estaba ligado a la conquista, sino que se enmarcaba dentro de un enfrentamiento propiamente romano: las guerras civiles. Hispania fue una pieza fundamental donde se enfrentaron grandes generales, algunos recordados como héroes y algún otro como traidor. Ante nuestros ojos todos son hijos de su tiempo que utilizaron todas las armas que tenían a su alcance para vencer a la facción política advesaria y conseguir con ello "Honores Triunfales".

Para comprender la aventura hispana de las “Águilas” es necesario conocer la crisis interna en la que se vio inmersa la República romana en su última fase. En el Senado aparecen dos facciones enfrentadas: 1) Los Optimates, liderados por Sila defendían la tradicional autoridad política; y 2) Los Populares, organizados en torno la figura de Cayo Mario, revindicaban una reforma del Estado.y dar voz a las propuestas del pueblo. Las diferencias entre ambos grupos se vieron plasmadas en varios enfrentamientos armados en Roma que pronto se trasladarían a las provincias. Poco a poco la brecha se fue haciendo más grande, Sila no aceptó la elección senatorial de Mario para hacer la guerra a Mitrítades en Asia. Esta decisión provocó que por primera vez un general entrara en Roma utilizando el ejército como medio de alcanzar el poder, cosa harto frecuente en la posterior historia romana. Este golpe de Estado otorgó poderes dictatoriales a Sila, quien en poco tiempo iniciará una política represiva y persecutoria contra los leales a Mario, entre ellos se encontraba nuestra primera “Águila”: Quinto Sertorio.   

En el año 83 a.C. Quinto Sertorio es nombrado gobernador de la Hispania Citerior, sin embargo Sila decidió sustituirlo por una persona de su confianza. Enterado de los planes Sertorio se adelantó a la jugada arribando en terreno hispano para organizar la oposición al bando silano, siendo su objetivo principal ganarse la amistad de los indígenas. Para ello desarróllo una política conciliadora que le granjeó el apoyo de los lusitanos, celtíberos y la mayoría de los pueblos de la costa mediterránea. El Senado pronto se dio cuenta del peligro que podría acarrear los movimientos de Quinto Sertorio y envió un contingente militar para aplacarlo. Las tropas sertorianas fueron derrotadas en la zona de los Pirineos, sufriendo 8.000 bajas, y su general se vio obligado a retirarse a Mauritania. 

La aventura norteafricana de Sertorio duró solo dos años (82-80 a.C.), ya que acepta la propuesta de los lusitanos para regresar a la península y ponerse al frente de sus tropas. Trae consigo 3.000 hombres, casi todos leginarios veteranos y algunos arqueros libios, a los que se sumarán cerca de 5.000 guerreros indígenas. Sertorio pronto demuestra sus grandes dotes como estratega, y une en unidades mixtas lo mejor de cada concepto bélico. Con su ejército irá ocupando algunas ciudades y consigue vencer a las legiones romanas en la zona del Guadalquivir. La noticia llega rápidamtente a Roma en el año 79 a.C., el Senado mueve ficha y decice mandar dos nuevas legiones, en este caso dirigidas por nuestra segunda “Aguila”: Quinto Cecilio Metelo. 


Metelo era un gran general y muy pronto fue consciente de la necesidad de realizar acciones conjuntas desde la Citerior y la Ulterior. Los ataques contra aldeas y ciudades lusitano-sertorianas fueron constantes, pero ni él ni sus legados conseguirán derrotar a Sertorio en batalla. Además se les unieron más tropas llegadas desde la Narbonense (Sur de Francia), y ni aún así consiguieron pararlo, pues Sertorio consiguió moverse libremente por toda la península. En este momento llegan a Hispania exiliados “populares” venidos de Cerdeña, caso de Perpenna futuro lugarteniete, que engrosaran el número de efectivos sertorianos. Con la ayuda de estos refuerzos fue afianzándose en el centro-norte peninsular, haciendo suya la provincia de la Hispania Citerior. Estableció su sede en Osca (Huesca), por su valor estratégico respecto al Pirineo. Incluso se hace fuerte en la zona mediterránea, donde embarcaciones “pirático-mercenarias” fueron aprovisionadas con armas para que acosasen a los navíos romanos. El resultado de estos primeros años de conflicto fueron muy favorables para los intereses sertorianos, nadíe conseguía derrotarle, y no solo consolidó su poder por la fuerza, si no que consiguió nuevas alianzas "de amistad" con los celtíberos. Sertorio se estaba convirtiendo en un verdadero quebradero de cabeza para la Roma senatorial. 



En el año 76 a.C. al Senado romano no le quedó mas remedio que mandar más efectivos para acabar con la amenaza sertoriana, bajo el mando del joven general Gneo Pompeyo, más tarde conocido como Pompeyo Magno, en nuestro relato la tercera “Águila”. Había demostrado su valía militar en África y se había estado labrando una prometedora carrera política bajo la tutela de Sila. Se presenta en Hispana con un ejército muy superior y hará cambiar el tablero táctico en la península. Tenemos a Sertorio en el norte (La Rioja), a Metelo en el sur (Córdoba) y a Pompeyo en la costa (Cataluña); es decir, las tropas senatoriales dispuestas en forma de “tenaza” para cerrarse sobre las sertorianas. Sertorio era muy buen estratega y lo que hizo fue dividir su ejército en tres cuerpos: uno al mando de Perpenna para bloquear el Ebro, otro para Hirtuleyo frenar el frente sur, y un tercero en la retaguardia para auxiliar a los otros dos. Las órdenes eran claras, imponer a los romanos un guerra larga y de desgaste, sin embargo ambos lugartenientes hicieron caso omiso plantaron batalla en campo abierto y fueron derrotados por la maquinaria militar romana, por lo que tuvieron que retroceder hacia la retaguardia norteña. 

El escenario de la campaña del año 75 a.C. se traslada a la costa levantina. Sertorio cumplirá con su parte en los enfrentamientos, vence en todas sus acciones derrotando a Pompeyo en Sucro (Suecia, Valencia), llanos de Sagunto y varios emplazamientos más en la zona del Júcar. Sin embargo su lugarteniente Perpenna pierde sistemáticamente y no puede evitar el avance de Metelo para ayudar a Pompeyo. A pesar de haber hecho retroceder momentaneaente a Sertorio, se dan cuenta que no van a poder ganarle la partidida si no reciben refuerzos desde Roma. Lo que demuestra la gran capacidad militar de Sertorio, quien con muchos menos efectivos mantuvo en jaque a las otras dos "Águilas" durante casi una década. 

En el año 74 a.C. la llegada de dinero y dos nuevas legiones de refuerzo marcan el fin de Sertorio. Un año más tarde el Senado aprueba una amsnistía para los reveldes del bando popular y mucho de los veteranos prefieron volver a Roma para beficiarse del perdón público. Con un contigente ya muy reducido pierde la Celtiberia y se refugia en el valle del Ebro, donde aún le eran fieles en Huesca, Lérida y Calahorra. Poco después, una conspiración liderada por Perpenna acabó con la vida de Sertorio. Un asesino indirecto que lideró la resistencia durante poco tiempo, pues pronto caería en batalla contra Pompeyo mostrando una vez más su ineptitud como estratega. 


Pompeyo finaliza así de manera exitosa su campaña en Hispania, fundando Pompaelo para controlar a los vascones en el norte y asegurar la comunicación con la Galia, y haciéndose levantar un monumento conmemorativo en los Pirineos, el cual estaba coronado por su estatua. En el fondo era consciente de que no había logrado derrotar a Sertorio de manera directa en el campo de batalla.

La amnistía concedida en el año 73 a.C. a los populares permitió que la actividad política volviera a Roma, pero no evitó en años venideros la reanudación de la lucha por el poder político. Al enfrentamiento entre las dos facciones, optimates y populares, hay que sumar la acción política de generales victoriosos como Pompeyo y Julio César. Las provincias hispanas se convirtieron, de nuevo, en uno de los escenarios más importantes de la contienda. Ambos generales sabían de la importancia que tenía Hispania en la consecución de honores para sus futuros proyectos políticos.

 Pompeyo ya había extendido su prestigio y su poder personal en la península. En cambio la cuarta “Águila”: Julio César acudió por primera vez en el año 69 a.C., para ocupar un puesto secundario en la provincia Ulterior.


En el año 61 a. C. César vuelve a Hispania con un cargo de mayor responsabilidad, gobernador de la provincia de Ulterior, oportunidad que aprovechó para aumentar su popularidad entre las tropas asentadas y entre las comunidades indígenas de la zona. Llevó a cabo diferentes medidas positivas para los provinciales, como la solución de problemas internos, la promulgación de leyes y el alivio de la presión tributaria. En el aspecto militar, César inició una nueva campaña contra los lusitanos, que se extendió a los galaicos, incorporando definitivamente ambos territorios a la autoridad romana. Su prestigio y honores se han multiplicado. Regresó a Roma habiendo aumentado su popularidad lo que le permitió, junto a Pompeyo y Craso, formar parte del “Primer Triunvirato”.

 En el año 53 a.C. se rompe el triunvirato iniciando una nueva guerra civil, esta vez entre Pompeyo y Julio César. La Península Ibérica volverá a tener un papel de primer orden, por lo que nuestras “Águilas” regresarán Hispania. Pero eso es ya, otra “Historia”.

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BIBLIOGRAFÍA

AA.VV. (978): Historia de España Antigua II, Hispania Romana, Cátedra,
Madrid.

BARCELÓ, P. – FERRER, J.J. (2011): Historia de Hispania romana, Madrid, Alianza.

BRAVO, G. (2011): Nueva historia de la España antigua. Una revisión crítica, Madrid,
Alianza Editorial,

PISA, J. (2011): Breve historia de Hispania, Madrid, Nowtilus.

PLACIDO, D. (1989): “Sertorio” en Studia histórica. Historia Antigua, nº 7, pp. 97-104.

PLUTARCO (2004): Antología de vidas paralelas. Vidas de Sertorio y Pompeyo, Madrid, Akal.

jueves, 4 de abril de 2013

De la Iberia indígena a la Hispania romana: Pacificación, Provincialización y Romanización

 
Terminada la Segunda Guerra Púnica con la expulsión de los cartagineses de la Península Ibérica, deja a Roma en posesión de nuevos y amplios territorios. El gobierno romano no evacuó las tropas que tenía repartidas a lo largo de la costa mediterránea y Andalucía. Aún existía un enorme territorio desconocido hacia el interior peninsular, cuya actuación sobre él dependía de la respuesta entre ¿Organización? o ¿Conquista? El devenir de los acontecimientos muestra las continuas dificultades para llevar a cabo sendas empresas, como refleja esta conocida frase: Hispania fue el primer territorio en ser conquistado, y el último en ser dominado.

La conquista y la administración son dos procesos que se entrecruzan a lo largo de la primera mitad del s. II a.C. Ya en el año 207 a.C. parece ser que existe un primer intento de regular la situación peninsular, cuando el Senado romano encarga de manera provisional “la organización y relación de los asuntos romanos con los indígenas” al joven general Publio Cornelio Escipión, recientemente vencedor sobre los cartagineses. Tomando como base su experiencia en la guerra divide militarmente la península en dos zonas: 1) Territorios del Norte, Levante y el valle del Ebro, y 2) La zona sur y el valle del Guadalquivir. No podemos decir que la obra de Escipión se prolongara mucho en el tiempo puesto que al desaparecer el peligro púnico tendrá que abandonar la península. Sin embargo, tendrá su importancia ya que será el germen embrionario de la futura “organización provincial de Hispania”.


A comienzos del s. II a. C., Roma apenas tiene experiencia en la administración territorial a larga distancia, y por lo tanto la Península Ibérica plantea una situación totalmente nueva. Mientras que el Senado decide como regularla, se opta por entenderla como una colonia de explotación. Y no será hasta el año a el año de 197 a.C. cuando finalmente el territorio sea dividido en dos provincias: 1) Al norte la Hispania Citerior con capital en Tarraco (Tarragona); y 2) Al sur la Hispania Ulterior con Corduba (Córdoba) al frente. Esta organización se mantendrá hasta la reforma territorial de Augusto en el siglo I a.C. La frontera entre ambas se fijó al sur de Cartago Nova (Cartagena), aunque la línea hacia el interior es algo más difusa y se irá configurando a medida que avance la conquista.



 La provincialización de Hispania fue consecuencia directa del creciente interés de los aristócratas romanos por el control privado de los recursos, ya que muchas familias de segundo orden vieron en estas tierras la oportunidad de enriquecerse y promocionar socialmente. Estos primeros gobernantes anteponen sus intereses particulares, acumulando riqueza, a los intereses comunes de Roma. Por ello, el Senado comenzará una campaña de lucha contra estas irregularidades, siendo su principal representante Marco Porcio Catón.


Su presencia en Hispania será breve pero muy intensa, ya que apenas dura un año pues se vio obligado a regresar a Roma por motivos políticos. Desembarca en el NE peninsular a comienzos del año 195 a.C. y sus primeras tarea será sofocar las revueltas indígenas en la zona de Cataluña. El asentamiento
romano se tradujo en el cambio del sistema de alianzas con la población autóctona, pasando del “colaboracionismo” al “servilismo”, donde impera la ley del más fuerte. En este contexto empiezan a aumentar las actividades hostiles hacia este nuevo “imperialismo” romano.


La política de pacificación territorial llevada a cabo por Catón se centró en Hispania Citerior, donde tuvo que derrotar militarmente a los íberos en Ampurias y en Segéstica (¿Segeda?, Zaragoza). Paralelamente a la actividad bélica se llevaron a cabo “negociaciones diplomáticas”, y según dicen las crónicas romanas, Catón ante la negativa de los nativos a entregar sus armas, envió un mensaje a cada una de las poblaciones exigiendo que desmantelaran sus muros o serían conquistados y esclavizados. Éstos acabaron obedeciendo y las pocas ciudades que se resistieron, entre ellas Segéstica, acabaron siendo sometidas con todas las de la ley.


Una vez estabilizado el poder romano en el litoral catalán, Catón marcha a la zona del Ebro en ayuda de los generales Publio Manlio y Claudio Nerón, los cuales tienen dificultades ante una coalición de turdetanos y celtíberos. Realmente sabemos poco de esta expedición, pero se piensa que fue una demostración de fuerza para que los celtíberos abandonaran la coalición. La tarea de Catón se centró en la predicación “de la bondad y lo beneficioso de estar del lado de Roma”, sin embargo en la letra pequeña del contrato vemos el paso hacia la servidumbre por parte de los hispanos.


Una fecha clave es el 180 a.C., año en el que llegan dos nuevos gobernadores a la península: L. Postumio Albino (Ulterior) y Tiberio Sempronio Graco (Citerior), siendo este último de mayor repercusión. Ambos prosiguen con la conquista, la cual presenta notables diferencias con la forma de actuar de sus predecesores. La acción de estos últimos se habían centrado en saquear, recoger tributos y botines para su enriquecimiento personal; sin embargo ahora Albino y Graco actuaran por primera vez de forma conjunta, lo cual refleja una idea preconcebida y homogénea a la hora de someter el territorio. Militarmente combinan sus fuerzas en el alto Guadalquivir para lanzar ataques sobre Munda (Montilla), Cartima (Cártama), Oretania, Carpetania y Celtiberia.


La victoria de Graco en la batalla del Mons Chaunus (Moncayo, Zaragoza) le permite consolidarse en el Valle del Ebro. A partir de este momento comienza la organización del territorio y la búsqueda del entendimiento con los pueblos autóctonos; siendo el punto de partida para la denominada Pax Sempronia (179 a.C.-154 a.C.). Si bien los autóctonos veían con malos ojos la prohibición de fortificar sus ciudades, en un futuro casus belli de las Guerras Celtíberas; el conjunto de acuerdos firmados por Graco fomentaron la cohesión. Por ejemplo, se afianzan tratados de “amistad” (Foedus) con poblaciones fronterizas, se racionalizan las contribuciones de grano y se aplican medidas fiscales más flexibles. Asimismo se realizan repartos de tierra de una manera más igualitaria, aunque esta medida ya tenía un precedente en Turris Lascuta.



Paralelamente a la conquista y a la organización territorial a partir de Graco se desarrolla un proceso “Romanizador”. Por el cual, las comunidades indígenas comienzan a incorporar costumbres y formas de vida romanas (latín, vestimenta, sistemas de construcción, espectáculos, etc.). Esta transformación puede penetrar por diferentes vías. En primer lugar a través del ejército de conquista, donde había soldados indígenas que entraron en contacto con ciudadanos romanos e itálicos. Y en segundo lugar, la ciudad. El patrón de poblamiento anterior a la llegada de los romanos era muy variado, desde agrupaciones urbanas complejas hasta asentamientos tribales. Roma se apoya en ellos para administrar los nuevos territorios y sus relaciones políticas pueden ser diferentes: la gran mayoría son ciudades obligadas a pagar un tributo (Stippendium), ciudades libres con relación de amistad antes de la conquista cartaginesa (Ampurias, Sagunto) y ciudades federadas con privilegios gracias a un pacto o Foedus (Gades/Cádiz, Malaca/Málaga). Sin embargo, a lo largo de la primera mitad del s.II a.C. se aprecia un interés por la fundación de ciudades de nuevo cuño a la manera romana, así por ejemplo Graco fundará Gracurris e Iliturgi. Estas nuevas urbes se convertirán en los grandes vehículos que canalicen la primera romanización de Hispania por Andalucía y el Levante. 

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BIBLIOGRAFÍA


AA.VV. (978): Historia de España Antigua II, Hispania Romana, Cátedra, Madrid.

BARCELÓ, P. – FERRER, J.J. (2011): Historia de Hispania romana, Madrid, Alianza.

BLAZQUEZ, J.M. (1989): Nuevos estudios sobre la romanización, Madrid, Itsmo.

BRAVO, G. (2011): Nueva historia de la España antigua. Una revisión crítica, Madrid,
Alianza Editorial,

CURCHIN, L. A. (1996): España romana. Conquista y asimilación, Madrid, Gredos.

MATYSZAK, P. (2005): Los enemigos de Roma, Madrid, Oberón.
 

domingo, 17 de marzo de 2013

Reconstrucción de la batalla de Baécula



Fuente: Proyecto Baecula (MINECO y Junta de Andalucía), Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, a través de elpais.com.

jueves, 7 de marzo de 2013

De Iberia a Hispania. Roma VS Cartago

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Hacia el año 265 a. C., los romanos habían conseguido dominar todo el territorio de Italia y empiezan a pensar en el Mediterráneo. En esta expansión van a chocar contra el Imperio comercial cartaginés, llegando al conflicto armado en tres ocasiones, conocidas como las “Guerras Púnicas”. La primera (264-241 a.C.), se desarrolló en territorio siciliano y acabó con la derrota cartaginesa. Los romanos quedan en muy buena posición, Quinto Lutacio Cátulo obligó a Amílcar Barca a aceptar la paz en condiciones muy poco honrosas para Cartago. Los púnicos perdieron Sicilia, su flota naval, tan importante para la actividad comercial, y por último, tuvieron que hacer frente a una altísima indemnización.  

A corto plazo, esta derrota tuvo dos consecuencias muy relevantes, ya que afectaron directa e indirectamente sobre los territorios de la Península Ibérica. En primer lugar, comienza a gestarse un odio incondicional de los cartagineses hacia lo romano, Polibio nos habla de como Amílcar se lo transmite a su hijo en un juramente sagrado: Entonces [Amílcar] llamó a su hijo Aníbal, y le pregunto con paternal suavidad si quería ir con él [a España][…]. Amílcar tomó a Aníbal de la mano y lo condujo hacia el altar. Una vez allí, le ordenó que extendiera su mano sobre el cuerpo de una victima del sacrificio y jurase que jamás sería amigo de los romanos”. En segundo lugar, la firma de la paz provocó que los cartagineses pusieran los ojos sobre la Península Ibérica, tierra rica en materias primas y asiento de la mítica Tartessos, que habría de convertirse en la fuente de ingreso de la deuda contraída con Roma. Con esta idea desembarcó el general Amílcar Barca en el año 237 a.C. con su ejército en tierras hispanas; quien tras nueve años de campaña militar dominaba una amplia zona entre la región minera de Linares y las costas murcianas. Poco después, luchando contra un pueblo indígena de la zona de Almería (Oretanos), el gran general cartaginés perdió la vida y la sucesión recayó en su yerno Asdrúbal.

Asdrubal intentó llevar a cabo una política mucho menos belicista, a través un sistema de alianzas matrimoniales cuyo fin era afianzar las relaciones diplomáticas con los diferentes pueblos autóctonos de la Península Ibérica. Sin embargo será recordado por la historia como el fundador de la ciudad de Cartago Nova (Cartagena), y por la firma del Tratado del Ebro en el año 226 a. C. Los romanos se encontraban en un punto intermedio entre “la admiración” y “el temor” de la recuperación económica y la expansión cartaginesa. Gracias a los recursos de Iberia, Cartago pudo pagar con gran rapidez su deuda con Roma, y esta situación puso en alerta al senado romano. Podemos decir que la firma del Tratado del Ebro fue el primer reparto territorial de las tierras hispanas por parte de dos potencias extranjeras. De esta manera, la zona de influencia grecorromana se configurará al norte del río Ebro; mientras que la cartaginesa se ubica al sur del mismo. Según Polibio, los romanos realmente firman este tratado para ganar tiempo, ya que primero necesitaban asegurar la frontera norte contra los galos para así poder hacer frente a una lucha armada contra Cartago. Ambos bandos, en el fondo sabían que la guerra llegaría antes o después.

Relieve soldado Ibero
¿Cuál sería el detonante? En el año 221 a. C. debido a la muerte de Asdrúbal un joven militar cartaginés llega a Iberia, su nombre es Aníbal, considerado por muchos como uno del mayores genios militares de la Antigüedad. Ahora, el dominio cartaginés se extiende por las mesetas del Guadiana y del Tajo; y en una demostración de fuerza penetró al centro peninsular llegando con sus elefantes hasta Salamanca. Esta incursión tenía una finalidad muy clara, el aprovisionamiento de soldados para la inminente guerra contra Roma. Es importante señalar que si bien el contexto de la guerra púnica la protagonizan nominalmente Roma y Cartago, los verdaderos protagonistas serán los indígenas peninsulares. Los cuales se ven enfrentados constantemente en ambos bandos, ya que serán contratados por ambas potencias por su gran prestigio como guerreros en el campo de batalla. Esto conllevará a los odios y rencillas entre los distintos pueblos indígenas peninsulares. Toda esta situación repercutirá muy negativamente en su demografía; debido a la pérdida de hombres jóvenes en la guerra, al hambre y los cultivos arrasados durante la contienda.

Busto de Aníbal Barca
 Aníbal en el año 219 a. C. toma la ciudad de Sagunto, la cual resistió valerosamente durante más de ocho meses y llegó a exasperar los ánimos del general cartaginés. Esta situación es tomada por Roma como una gran ofensa ya que dicha ciudad estaba bajo su protección tras el Tratado del Ebro. Al fin, tanto romanos como cartagineses, tienen un casus belli para la guerra, dando así comienzo a la Segunda Guerra Púnica (218-206 a.C.). Tras la toma de Sagunto los cartagineses comienzan a someter a los pueblos indígenas del norte peninsular de la zona de Aragón y Cataluña (Ilergetes, Ausetanos y Lacetanos); y una vez consolidada deciden atravesar los Pirineos con su ejército para dirigirse a Italia, donde los romanos sufrirán una constante humillación en el campo de batalla. La salida de las tropas de Aníbal de la Península Ibérica significó la entrada de las legiones romanas por la costa catalana de Ampurias. Al frente de las mismas estaban los hermanos Escipión: Publio y Cneo; familia romana que queda ligada militarmente a Iberia; sobre todo el hijo del primero, conocido como Publio Escipión “El Africano”. Los cuales, ante la hábil jugada de Aníbal; deciden actuar militarmente sobre el norte peninsular para dejar a las tropas cartaginesas sin retaguardia.

Busto de Escipión, El Africano
La guerra en tierra hispana se convertirá en un constante tira y afloja entre los generales romanos y Asdrúbal; la situación se complica para Cartago tras la pérdida de su flota en una batalla en la boca del Ebro, y tras la caída de Sagunto en manos de Publio Escipión. Todos sabían que Hispania era la clave de la guerra, los romanos eran conscientes de que si perdían, Asdrúbal pasaría con su hermano a Italia; en cambio, si los cartagineses caían derrotados dejarían a los escipiones el camino libre hacia África. En 211 a. C. la guerra da un giro, Publio y Cneo mueren cerca de la ciudad de Amtorgis, lugar sin localizar actualmente; y las tropas romanas se vieron obligados a retirarse al norte del Ebro a la espera de refuerzos. Es ahora cuando entrará en escena Publio Cornelio Escipion “El Africano”, hijo del antiguo general romano caído. En tierras italianas, el joven Escipión, había sobrevivido a las batallas de Tesino y Cannas; a pesar de la derrota consiguió aprender lo suficiente de la táctica bélica cartaginesa. Escipión “Africano” llega a Tarraco con 35.000 hombres, su táctica era clara, no tenía ninguna intención de separar sus tropas para enfrentarse a los tres ejércitos cartagineses desplegados en la península. Una de sus primeras decisiones sera tomar Cartagena (Cartago Nova), puerto estratégico por su cercanía a África, al que se le añadía su valor simbólico. 

Tras el éxito de la conquista de Cartago Nova se produjo la liberación de numerosos rehenes indígenas que los cartagineses tenían en cautiverio. De este modo, Escipión “Africano” consiguió atraerse para su causa el apoyo de la población autóctona de ilergetes y celtíberos. En el año 208 a. C. se reanuda la actividad bélica, Escipión conquista Bailén (Baecula) que le abre la puerta del sur de Andalucía, y con la toma de Jaén los romanos se aseguraron el valle del Guadalquivir. Los cartagines tras la derrota en Alcalá del Río (Ilipa) se repliegan hacia el SO peninsular y consiguen refugiarse en Cádiz, ciudad que no abandonaran definitivamente hasta el 199 a. C. Sin embargo, para el 206 a. C., la conquista estaba prácticamente contemplada, prueba de ello es la fundación de Itálica para el asentamiento de veteranos de la guerra. Con ello se completa, como diría Apiano de Alejandría, el paso a […] la que algunos ahora llaman Hispania, en vez de Iberia.


Recomendaciones

La novela Histórica es actualmente un género en alza, no siempre de buena calidad. Este no es el caso de la trilogía que Santiago Posteguillo escribe sobre Publio Cornelio Escipión. Se trata de una forma muy amena y entretenida para aprender sobre la Roma Antigua.

El programa radiofónico “La Rosa de los Vientos” tenía un apartado conocido como “Pasajes de la Historia”. Apartándonos momentáneamente del purismo histórico, podemos resaltar el carácter divulgativo y de cierta calidad con el que Juan Antonio Cebrían nos contaba la historia. Por ello, os recomendamos que escuches el monográfico que dedica a cada uno de los protagonistas de la Segunda Guerra Púnica.




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BIBLIOGRAFÍA
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BARCELÓ, P. – FERRER, J.J. (2011): Historia de Hispania romana, Madrid, Alianza.

BLAZQUEZ, J.M. - TOVAR, A. (1982): Historia de la Hispania romana, Madrid, Alianza.

FATÁS, G. (1990): El periodo de las primeras Guerras Púnicas, Madrid, Akal.

GOLDSWORTHY, A. (2002): Las Guerras Púnicas, Barcelona, Ariel.

MATYSZAK, P. (2005): Los enemigos de Roma, Madrid, Oberón.

viernes, 1 de marzo de 2013

Yacimiento Romano de Cubas de la Sagra




Ocultación del yacimiento de Camino de Santa Juana (Cubas de la Sagra, Madrid), uno de los hallazgos más relevantes de la arqueología tardorromana de los últimos tiempos en la Península Ibérica.

Juan Tovar, L. C., Sanguino Vázquez, J., Oñate Baztán, (e. p.): “Un conjunto tardorromano excepcional en Cubas de la Sagra (Madrid): I. la cerámica”, I Congreso Internacional de la SECAH, Cádiz 3 y 4 de marzo de 2011.

Fuente: Terra Antiquae
La Comunidad de Madrid ha presentado los trabajos que está llevando a cabo en el yacimiento Camino de Santa Juana, en el municipio de Cubas de la Sagra, donde ha aparecido el mayor centro artesanal de época romana de la región (siglos IV-V después de Cristo). Un ajuar cerámico, un ajuar metálico, un centro alfarero, un conjunto termal y dos necrópolis son algunos de los excepcionales hallazgos arqueológicos de este enclave - See more at: http://antiguaymedieval.blogspot.com.es/2011/12/hallan-en-cubas-de-la-sagra-madrid.html#sthash.wbd8eqzy.dpuf
La Comunidad de Madrid ha presentado los trabajos que está llevando a cabo en el yacimiento Camino de Santa Juana, en el municipio de Cubas de la Sagra, donde ha aparecido el mayor centro artesanal de época romana de la región (siglos IV-V después de Cristo). Un ajuar cerámico, un ajuar metálico, un centro alfarero, un conjunto termal y dos necrópolis son algunos de los excepcionales hallazgos arqueológicos de este enclave - See more at: http://antiguaymedieval.blogspot.com.es/2011/12/hallan-en-cubas-de-la-sagra-madrid.html#sthash.wbd8eqzy.dpuf